Didier Hernán Gil |DIAaDIA
Hoy traigo a colación algunas frases memorables que deben ser motivo de reflexión para cada ciudadano que, al día, en el transporte público se encuentra con más de cinco ciudadanos pidiendo dinero por "x" o "y" razón. Aturden, y en medio del tranque de las arterias de la capital, a veces se ganan miradas de desagrado, pero esgrimen todo un discurso, que al lado de los políticos se les quedan cortos. Lástima que como "los que buscan un voto" no utilizan el transporte público, al menos que no sea en tiempo de campaña, no pueden aprovechar el talento que tienen estos disertadores en los diablos rojos.
"Maldito el hombre que se hace rico con la fe". Es una frase bíblica pronunciada por el mismo Jesús, pero si se quiere nos vamos a la letra del cantautor Ricardo Arjona, quien en el tema "Jesús verbo, no sustantivo" enfatiza que: "a Jesús le da asco el pastor que se hace rico con la fe". ¡Wao, fuerte!
No soy quien para juzgar, pero entre ellos hay farsantes. Recuerdo que una vez colaboré con una de esas alcancías y al rato en un restaurante de comida rápida me encontré con "el solicitante de dinero" sacándolo de la alcancía en el baño. Se asustó y disimuló. Así fue el descaro.
En la terminal de Albrook, durante la noche, usted no tiene idea cuánta gente pide dinero para suplir sus necesidades. Ojo, hay quienes lo hacen por necesidad o desesperación, pero generalmente ya las personas no les creen, por el juegavivo que hay. No obstante, llegará el día en que habrá que rendir cuentas por nuestros actos y cada quien sabe cómo anda su conciencia.
didier.gil@epasa.com
miércoles, 13 de abril de 2011
La bulla de Dios
Didier Hernán Gil | PANAMÁ
Era mi día de descanso y viajé en la noche a Capira para aprovechar las horas del día con mi familia, pero al llegar a casa me encontré con un culto en pleno apogeo en la comunidad.
Aclaro que respeto la diversidad de credos, pues he escrito de evangélicos, episcopales, santeros, católicos, ya sean carismáticos o catecúmenos. En fin, a Dios sea la gloria.
La curiosidad me llevó a conversar con los vecinos y descubrí que no era un culto, sino una vigilia, por lo que las alabanzas y oraciones se extendieron hasta cuando en mi casa se preparaba el desayuno.
Esa mañana la mayoría de mis vecinos, y luego comprobé, que en el resto de la comunidad había una disconformidad mayor por semejante escándalo toda la noche. Nadie pudo descansar bien.
Cuando escuchaba las conversaciones de los vecinos y familiares me reía de los comentarios que hacían. ¡Son perversos!
En horas de la tarde, mi tío Raúl González se acercó para decirme que por qué no escribía sobre esas reacciones de la comunidad cuando se hace algo bueno para agradar a Dios. ¿Por qué se molestan de lo bueno?, preguntó.
En un principio lo tomé como una broma, pero más tarde me dije que tenía razón, pues ese tipo de bulla, aunque a veces excesiva, sí molesta, pero viendo un poco más allá es justo decir que se pasan cuatro días de Carnavales a todo dar y ese ruido no molesta a la mayoría. ¿Por qué será que las cosas de Dios no siempre gozan de la aceptación del ser humano?
El pecado galopa a pasos agigantados.
didier.gil@epasa.com
Era mi día de descanso y viajé en la noche a Capira para aprovechar las horas del día con mi familia, pero al llegar a casa me encontré con un culto en pleno apogeo en la comunidad.
Aclaro que respeto la diversidad de credos, pues he escrito de evangélicos, episcopales, santeros, católicos, ya sean carismáticos o catecúmenos. En fin, a Dios sea la gloria.
La curiosidad me llevó a conversar con los vecinos y descubrí que no era un culto, sino una vigilia, por lo que las alabanzas y oraciones se extendieron hasta cuando en mi casa se preparaba el desayuno.
Esa mañana la mayoría de mis vecinos, y luego comprobé, que en el resto de la comunidad había una disconformidad mayor por semejante escándalo toda la noche. Nadie pudo descansar bien.
Cuando escuchaba las conversaciones de los vecinos y familiares me reía de los comentarios que hacían. ¡Son perversos!
En horas de la tarde, mi tío Raúl González se acercó para decirme que por qué no escribía sobre esas reacciones de la comunidad cuando se hace algo bueno para agradar a Dios. ¿Por qué se molestan de lo bueno?, preguntó.
En un principio lo tomé como una broma, pero más tarde me dije que tenía razón, pues ese tipo de bulla, aunque a veces excesiva, sí molesta, pero viendo un poco más allá es justo decir que se pasan cuatro días de Carnavales a todo dar y ese ruido no molesta a la mayoría. ¿Por qué será que las cosas de Dios no siempre gozan de la aceptación del ser humano?
El pecado galopa a pasos agigantados.
didier.gil@epasa.com
domingo, 20 de febrero de 2011
Se ve de todo

Didier Hernán Gil | DIAaDIA
El pasado domingo viajé desde Capira a la capital en una chiva de Ocú y con solo mirar lo que hacían los demás pasajeros me divertí muchísimo. Es comiquísimo y le invito a que cuando tenga la experiencia, le saque provecho, pero con mesura.
¿Por qué? Sucede que dentro de ese transporte me encontré con personas que traían gallinas en cajetas, frutas en sacos, algunos roncaban y vi niños con náuseas; en fin, fue un viaje como sardina en lata. Para que una persona bajara del auto o entrara todo era un caos. Usted solo tenía que ver las caras y sacaba sus propias conclusiones.
Quería soltar la carcajada, pero me aguanté para no dañar el paseo. Llegada la hora del sorteo dominical, una señora sacó un radio cuadrado, el que hacía un ruido terrible, pues no tenía buena señal, pero por nada del mundo guardó ese equipo, que tal vez le daría a conocer su buena suerte, pero no fue así. Solo lo guardó decepcionada, alegando que no recuperó lo invertido.
Estando en La Espiga de La Chorrera se subió una turba de buhoneros con papitas, dulces, sodas, churros, entre otras picadas. Entre ellos se formó una discusión, cual chiquillos, peleando por un dulce, y nadie les compró por su desorden. Los pregones tampoco les ayudaron, solo causaron gracia.
A veces nos quejamos de que las cosas no andan bien a nuestro alrededor, pero viendo la realidad de otros, se aprende que hay una esperanza y motivos para sonreír.
didier.gil@epasa.com
lunes, 14 de febrero de 2011
¿Qué está pasando?
Didier Hernán Gil | DIAaDIA
-¡Hola, buenos días! Me puede complacer con el tema "X".
-¿Por qué quieres escuchar ese tema?, le dijo la dj en cabina.
-Es que se lo dedico a mi papá que se fue de la casa con otra mujer y eso me está afectando mucho.
-¿Y cuántos años tienes, amiguita?
-Tengo doce años y estoy muy triste. Papá, si me estás escuchando allá en Unión Veragüense, acuérdate que mi hermanito y yo también existimos.
Este fue el diálogo que cautivó a muchos radioescuchas de un programa radial matutino esta semana. Supongo que al igual que yo, otros oyentes quedaron pausados y pensando qué responder ante un caso como ese. Nadie se lo esperaba.
La operadora de cabina trató de darle palabras de aliento a aquella niña, pero sus conclusiones eran muy complicadas.
Como fémina, la dj al paso supo que era un problema delicado y al final prefirió dejar correr la música. Un silencio sepulcral se escuchó y a los minutos, la dj volvió al aire reconociendo que se le hizo un nudo en la garganta por la situación que la niña le reveló.
Y así sucede diariamente en nuestro Panamá. Papá y mamá tienen sus diferencias y dejan a los hijos con un gran signo de interrogación sobre sus cabezas. ¿Qué hacer? ¿A quién le hago caso? El diálogo entre ellos es nulo y dejan que el tiempo sea el mejor consejero.
Así como esa niña expresó su realidad ante una audiencia desconocida, cualquier ciudadano se puede aprovechar de su nobleza y lo que va a desencadenar es un problema mayor.
¿Qué papel están jugando los padres? ¿Qué familias estamos aportando a la sociedad? Es una realidad que da tristeza, pero no podemos quedarnos en la melancolía. Todos debemos aportar para un cambio. Apostemos a la unidad y fortaleza familiar.didier.gil@epasa.com
viernes, 11 de febrero de 2011
MEJOR TRATO
Como capireño que soy, siempre comparto las cosas positivas de mi distrito, pero en esta ocasión les presento una vivencia de mal gusto, y que ocurre en cualquier esquina del país, pero que debemos evitar, pues todo ciudadano debe tener presente que somos un país de tránsito y uno de nuestros fuertes es el servicio, es decir, una buena atención, entre otros atributos.
Cierta ocasión invité a un amigo a comprar carne asada y arepas a orilla de la Interamericana. La comida se veía y olía deliciosa. No recuerdo si tenía hambre en ese momento.
Lo cierto es que la atención del dependiente fue de la patada. Ese día me dije: no le voy a seguir la corriente, pues no me voy a poner a su nivel.
Se imaginan ustedes si ese día, como dicen por ahí, "anduviera con las sábanas arrastrando". ¿Cuáles serían los resultados? Es cierto que cada uno tiene su carácter, pero tampoco para que cuando se haga una pregunta te respondan con dos piedras en las manos.
En otro local de venta de pollos asados, hubo una señora que faltando pocos minutos para cerrar el establecimiento parece que descargó todo su estrés de la jornada. Simplemente le sonreí y le dije: "Yo no tengo la culpa de su enojo ni tampoco la he tratado con groserías".
La verdad es que es decepcionante lidiar con personas de este tipo, pues lo más seguro es que si uno se queja ante sus jefes, por lo menos les harán un llamado de atención o, en caso extremo, los despidan. Si los botan, entonces, esas personas son capaces de culpar a los clientes de sus malas rachas. No sé si en sus casas, tal vez, las cosas no andarán bien, pero si perdieran sus trabajos, serían peores.
Yo lo pienso así antes de actuar y analizo a las personas, pero cada cabeza es un mundo. Después, solo queda el arrepentimiento... didier.gil@epasa.com
Prohibido callar


Como ganador del premio Edward R. Murrow 2009, que otorga el Departamento de Estado de los Estados Unidos, tuve la experiencia de conocer más sobre las diferentes facetas culturales y políticas de este país norteamericano.
Y traigo a colación esta experiencia, pues los fines de semana, en este viaje, se acostumbra a visitar a una familia para percibir de primera mano su arte culinario, el "modus vivendis" de los gringos, entre otras costumbres. Durante mi estadía en Oklahoma City, una ciudad donde los anfitriones se desbordan en hermandad, les compartí algo de lo panameño.
Ese domingo, pese a niveles bajos de temperatura, me puse mi camisa tonosieña, pantalón negro, un sombrero a la pedrá y mis cutarras. ¡Ahh!, la chácara no se me quedó y dio mucho que hablar.
Mis colegas latinos se quedaron sorprendidos por esta iniciativa singular y se lamentaron que no se les ocurrió algo similar. El caso es que si los gringos me iban a hablar de sus tradiciones, yo les regalé un pantallazo de nuestro folklore. De este tema hay mucho que hablar y más cuando conoces y te gusta darlo a conocer.
Justamente fue eso lo que percibí esta semana cuando, por casualidad, me deleité con la participación de los niños de Semilla de Cantores. Aunque no la conozco personalmente ni por referencias, la representante de Panamá Oeste, Ana Lorena Cárdenas, me transmitió ese conjunto de sentimientos que enfatizan ese amor y sabor a Panamá.
En fin, las controversias de los pequeñines de Chiriquí, Herrera, la de Colón y Veraguas, entre otros, son , "grosso modo", esa esencia de lo que muchos panameños se enorgullecen, y que los hacen reaccionar abruptamente cuando te enteras por las noticias que en Panamá hay extranjeros dueños de hostales que en sus instalaciones tienen carteles que dicen : "Prohibido escuchar música típica". Quedarse callado a esto es no tener identidad ni dignidad. didier.gil@epasa.com
Hablando de fe


Desde que comencé mi catequesis de primera comunión, me acerqué más a mi comunidad de fe, que hoy, con mucho orgullo, profeso. En mis abuelos vi ese ejemplo desde que tenía uso de razón, y luego de la desaparición física de mi padre, mi madre me incentivó a asistir a la iglesia.
Me gustó y le tomé mucho aprecio al escuchar la palabra de Dios y trabajar por las obras sociales de la iglesia, tanto que me fui comprometiendo cada vez más. Disfruté de participar del grupo juvenil de mi comunidad e hice mi curso de confirmación donde aprendí y afiancé valores. Hasta llegué a coordinar el grupo juvenil y asumí otros compromisos dentro de la parroquia San Isidro Labrador de Capira.
Trabajé con sacerdotes y religiosas, de quienes aprendí y me empapé en el tema eclesial. Hoy, producto de aquella experiencia enriquecedora, todavía cargo con el apodo de "padre". Y no me avergüenza, ya que se estableció un liderazgo y confianza dentro de una comunidad, que incluso me ha servido mucho en el ámbito profesional.
Qué alegría me da saber que todavía muchos de los jóvenes con los que compartí experiencias buenas y malas siguen participando dentro de la parroquia y se mantienen unidos trabajando por el prójimo. La mayoría está bajo el paraguas del grupo Mixtura RF2, que, con sus acciones de servicio, continúan llevando el mensaje de Dios y trabajando por los más necesitados. Hace poco se metieron a la montaña de Capira a llevar regalos a niños y regresaron agotados, tanto de caminar como de montar a caballo y quedar atrapados en el lodo. Pero cumplieron su misión.
A veces me da la impresión que vivo en un país indiferente, pero con acciones como estas sé que aún puede germinar la semilla que se siembra y se abona durante la niñez y la adolescencia. didier.gil@epasa.com
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